El Portal Cofrade Egabrense
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26.01.10
No es un año cualquiera
Es cierto, aunque apenas nos demos cuenta. Estamos ante uno de los años más importantes de la historia de nuestra Semana Santa. Y no es por ser este año, sino por ser el culmen de un periodo de no más de dos décadas, en las que los cambios producidos son perfectamente equiparables a los de la renovación artística que se vivió en nuestra ciudad en el Barroco.
Es algo parecido a lo que ocurrió concretamente entre 1660 y 1670, la mayor renovación que ha vivido, hasta ahora, nuestra Semana Santa y el mundo que la rodea. No fueron pocas las Hermandades que en este periodo renovaron sus imágenes, que hasta entonces eran de menor tamaño que el natural, como es el caso de las Hermandades de la Soledad, o la de Jesús Preso (aunque no es la imagen actual, sino una primitiva, hoy en paradero desconocido), o, como en el caso de la Cofradía del Rosario de Santo Domingo, que hizo una nueva imagen de vestir, según los canones de la época, ya que hasta esa fecha había tenido una de talla completa. También por estos años hay ya noticias de los comienzos de la Hermandad de la Santa Cena. No olvidemos que en este tiempo, el número de Cofradías era mucho menor que el actual.
Es también el periodo en el que se realizó un nuevo Sepulcro para la Cofradía del Santo Entierro (tampoco el actual), o las desaparecidas andas de la Cofradía del Rosario de Santo Domingo, que realizó Joseph Granados de la Barrera en ébano, plata y bronce dorado. Además, se estaban realizando algunas capillas en distintas iglesias de la villa, como de la Hermandad de la Columna o la dedicada a San Pedro de Verona en la Iglesia de la Asunción, incluyendo la hechura de la magnífica imagen que talló Pedro de Mena también en esta década.
Aunque hay muchas otras renovaciones (nuevos mantos para las imágenes marianas, ornamentos y objetos de culto como suntuosos cálices o custodias de metales preciosos para usar en los cultos de las Hermandades…), está a la vista que el cambio que hubo en este corto periodo de tiempo fue enorme. Sin embargo, no es aquí adonde quiero llegar. Siempre se ha hablado del “boom de las Cofradías” de los años 60-80 del pasado siglo XX, pero fue éste un resurgimiento, más que una renovación. Es ahora cuando estamos ante ese profundo cambio que en este año, más que nunca, podemos destacar.
Si nos trasladamos a la década de los 90, podemos contar hasta cinco nuevas imágenes marianas en nuestras Cofradías, como son la Virgen del Buen Fin, de la Caridad, de la Aurora, del Amor Fraterno o de la Concepción. Además, los grupos escultóricos del Huerto y el Lavatorio apenas acaban de terminarse; el de la Sentencia también se realiza por estos años. Un poco más adelante, en el año 2004, se renovó la imagen de Cristo Resucitado.
Pero la cosa no queda aquí. En esta década, apenas hay imágenes que queden sin ser sometidas a importantes procesos de restauración y remodelación, como es el caso del Cristo del Perdón, la Virgen de la Paz o el Cristo de la Expiración. Es, por ello, una década crucial en la renovación de la imaginería de nuestras Hermandades.
Si siguiésemos hablando de otros aspectos como el cortejo, la música procesional, los enseres, e incluso los pasos de las Hermandades, no acabaríamos nunca de enumerar las profundas renovaciones artísticas que hoy mueven la vida de las Cofradías. Apenas a veinte días de la Cuaresma, ya podemos de hablar de un año histórico, destacando sobremanera la nueva procesión del Viernes Santo, con la incorporación de la Hermandad del Sagrado Descendimiento, la cual también estrena el grupo escultórico, el paso y la Capilla de salida; el nuevo paso de la Hermandad de la Humildad y Paciencia que saldrá por primera vez en la madrugada del Viernes Santo; el inquietante aspecto de la nueva imagen de San Juan Evangelista que acompañará a la Virgen de la Caridad, obra del insigne escultor Francisco Romero Zafra; la eminente llegada del Cristo de las Necesidades y la de la Virgen del Rocío de Pasión tras sendas restauraciones; la esperada salida de la "Pollinita" a hombros de sus costaleros; la conmemoración del 350 aniversario de la Hermandad de la Columna, incluyendo la procesión extraordinaria de octubre; el nuevo Simpecado de la Hermandad filial del Rocío; y muchas otras que aún están por llegar, que aunque sólo se encuentren en mente de los cofrades, sabemos perfectamente que, con el esfuerzo que requiere, se harán realidad no dentro de mucho.
Sintámonos, por tanto, afortunados, por la suerte que tenemos. Nos ha tocado vivir una etapa tan importante que apenas nos damos cuenta. Aprovechémoslo, porque quién sabe si alguna vez se volverá a repetir. Quién sabe cuándo y a quién se lo podremos contar en el futuro, al igual que hoy valoramos cada detalle de lo que nos narran nuestros mayores. No nos excluyamos de una historia de la que formamos una parte importantísima. La crítica o la admiración, la sorpresa o el desengaño; las reacciones ante los cambios, son lo que dan vida a esto. Ya quisieran en el Barroco, ver la Iglesia de la Asunción como nosotros la vemos cada Viernes de Dolores.
Y, con todo, no tengo duda de lo que afirmo: lo mejor, aún está por llegar.
José Jiménez Peña
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